Al llegar la noche del pasado 20 de octubre, esta tierra no sufría magulladuras así. Al otro día, sin embargo, amaneció con la piel llagosa y adolorida, y tenía desgarrada una parte de la vegetación.
La violencia del ciclón Oscar fue grande, y en varios ecosistemas del sureste de la provincia forzó modificaciones tan significativas que, en algunos sitios, afirman especialistas, no podrán revertirse.
Si a las ráfagas de viento de 135 km/h que golpearon por barlovento les tocó hacer de malvadas en Baracoa y Maisí, con azotes sobre cultivos, cosechas y poblaciones silvícolas, en suelo imiense y de San Antonio del Sur la villanía la asumieron los aguaceros.
En 24 horas, hasta las ocho de la mañana del lunes 21 de octubre, las montañas al norte de esos municipios recibieron más de 355 mm de lluvias, 278 de ese total entre la una y las cuatro de la madrugada; es decir, en apenas tres horas. Demasiado el diluvio, demasiado corto el periodo.
La tremenda descarga hizo que ríos, cañadas y arroyos abandonaran sus causes, como nunca antes.
Esas referencias encuentran confirmación en lo indagado por investigadores que actuaron en el lugar, una vez concluido el evento. Un informe de expertos da cuenta de medio millar de deslizamientos en las montañas al norte de San Antonio del Sur e Imías, y en zonas algo más retiradas de sus cabeceras municipales.
Macambo, en la cordillera montañosa al sur de la carretera de San Antonio, los flancos norte y sur de la principal vía terrestre de Imías, y el terraplén hacia Los Calderos, en este último municipio, figuran entre los ejemplos citados.
Se trata de ecosistemas complejos desde el punto de vista orográfico, con elementos de montañas, los cuales abarcan cinco áreas ecológicas localizadas en la línea de costa, aclara el ambientalista y máster en Ciencias Gerardo Begué Quiala, director científico de la Unidad de Servicios Ambientales del Parque Natural Alejandro de Humboldt.
CERCA DEL MAR, AL SUR, OTRO ROSTRO
«Son irreversibles», asegura sin titubeo el máster en Ciencias Miguel Ángel Queralta Rivero, especialista en Recursos Naturales y Cambio Climático, de la Delegación Provincial del Citma en Guantánamo.
Habla de modificaciones impuestas por los arrastres en varios segmentos costeros de Imías y San Antonio del Sur. «En algunos de esos sitios cambió la morfología –detalla el experto–, a intervalos se observan adelantamientos y también atrasos de las líneas de costa».
Agrega que el daño ocasionado por los volúmenes de agua empujados a la desembocadura de los ríos en seis de las 18 playas con que cuentan Imías y San Antonio del Sur, fundamentalmente se expresa en pérdida de arena.
Cerca de 45 000 metros cúbicos (m3) de ese material distintivo le arrebató la crecida a las playas Los Ciguatos, Sabanalamar y Macambo, todas en predios sanantonienses.
Mientras, y por la misma causa, un trío de playas imienses (Yacabo Abajo, Tacre e Imías) cargan con similares secuelas, y acusan déficit superior a los
60 000 m3 de materia arenosa arrastrda por las corrientes, además de pérdidas de plantas de casuarina y de uva caleta que habitaban las dunas.
«Ahora hay ecosistemas distintos a los que existían antes del huracán», subraya Miguel Ángel Queralta. Igual se duele de los manglares que protegían la costa: «sufrieron mucho en lugares como Macambo», dice.
Cualquier intento de revertir tales cambios implicaría añadirles vulnerabilidades, agrega el especialista. «será mejor dejar las cosas como las dejó la naturaleza, pues el clima sigue cambiante, y eventos así puede que se repitan.
«En cualquier caso –añade–, el carácter de la recuperación tendrá que ser natural, aunque ciertas acciones ayuden a restructurar algunos ecosistemas. Se podrían acometer, por ejemplo, siembras que tengan en cuenta las características de esos lugares.
«Pero la naturaleza está diciendo que allí el cambio es definitivo, no debemos contradecirla, porque, insisto, esos cambios llegan, en buena medida, asociados a los antojos del clima.
«De igual manera, en la costa norte de Maisí a Baracoa se han visto ligeramente afectados elementos de arrecifes coralinos; el oleaje y los arrastres fluviales partieron colonias en esas áreas. La propuesta es profundizar el estudio y emprender acciones de recuperación».
A LA TIERRA LE DUELE…
El vientre, la piel, el paisaje… le duele todo a la tierra en los sitios estrucados por Oscar. Las inundaciones resultantes de las lluvias sobre las montañas al norte de Imías y San Antonio del Sur arrastraron parte de la capa vegetal en áreas agrícolas.
Teudis Limeres, subdelegado de la Agricultura en Guantánamo, e investigador curtido y reconocido a nivel de país en materia de suelos, sostiene que «el daño fue colosal; resarcirlo requerirá tiempo, recursos, ciencia y esfuerzo constante».
«Probablemente en esas zonas haya que restarle hectáreas al fondo de tierra agrícola, debido al impacto del huracán», advierte Limeres, y asegura que hay secuelas del fenómeno hidrometeorológico en el Valle de Caujerí, y en la faja del litoral Imías-San Antonio del Sur.
Mas, a la pérdida de superficies cultivables se suman otras, sostiene Gerardo Begué. «Hablamos de afectaciones en espacios con altos valores paisajísticos y de biodiversidad, de ecosistemas con elevada conservación, integridad y unicidad ecológica en Baracoa, Maisí, Imías y San antonio del Sur», enumera el directivo y experto.
En las dos últimas localidades, según Begué, los deslizamientos desplazaron un volúmen aproximado de
90 000 m3 de tierra; bajo las estampidas de lodo sucumbieron unos cuantos diques de contención, estructuras de piedra y madera destinadas a conservar suelos.
De igual forma, una parte de la población vegetal típica de las zonas que registran deslizamientos, sufre los cambios introducidos de súbito por la naturaleza en sus hábitats.
Los estudios indican que la erosión crecerá en ciertos sitios, pues en ellos los desplazamientos de tierra acentuaron las cárcavas (socavones en rocas y pendientes producidos por las avenidas de agua), consecuencia de la escorrentía superficial.
Según el informe, el 37 % del arbolado en zonas urbanas y suburbanas afectadas por el ciclón sufrió daños. Similar ha sido el impacto sobre la flora ribereña en las fajas protectoras de los ríos, y en zonas de corriente activa.
«Esos lugares necesitan intervención, habrá que manejarlos», estima Gerardo Begué. «en otros ecosistemas –dice– la resiliencia va a funcionar».
A su paso por el extremo oriental de Cuba, Oscar dejó un inventario de daños medioambientales variado y extenso. La madre natura se queja. Sus gemidos silenciosos se hacen visibles en el paisaje.
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Tomado de Granma
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